Las 6:30 pm.
Un auto color dorado de 8 cilindros abría su puerta trasera mientras me
atizaban un palazo, el segundo fue fallido levantando una nube de polvo del
asiento de tela color marrón al impactarlo, bájate gritaba, bájate, mientras yo
desconcertado apenas podía entender lo que pasaba.
-Estoy abajo-
Alcancé a gritar.
Esperé alrededor de unos 5 min. Fuera de la puerta gris metálica, miraba
a todos lados, el calor recorría mi cuerpo, el sudor brotaba del cuero
cabelludo sin permiso, como un milagro en medio del desierto, un oasis
propiamente dicho, una sensación rara y cosquilleante, se deslizaba suavemente
entre la grasa y el cabello, mojaba y refrescaba de alguna manera aquél bochorno,
aun así no era grato, respiraba agitado, estaba un poco nervioso.
Inquieto iba de un lugar a otro; era un viejo edificio gris con fachada
ya maltrecha, un anuncio de "SE VENDE" colgaba de manera graciosa de
una ventana sucia. Tal vez podría mudarme ahí, hacer unas cuantas jugadas y
olvidarme de la problemática que tenía con el hermano incómodo que me había
borrado ya de las redes sociales y se veía atrapado por ahora en una relación
con una mujer mala, de esas qué no respetan el corazón de nadie, de esas qué
por haber sido maltratadas creen tener el derecho de comer hombres, dejándolos
acéfalos como si fuera un deporte tal cuál Mantis Religiosa, la garganta seca
no me permitía tragar saliva. Apareció de pronto un sonido lejano, se abrió y
cerró una puerta, un grito que no alcancé a distinguir lo que decía, pasos
apresurados y ahí estaba, una chica rubia, de complexión media, buenas medidas,
casi de mi estatura, boca carnosa y ojos claros, me recordó una especie de
duende, por algún motivo la rechacé de primera vista, su voz chillante rompió
con el análisis que hacía de su fisonomía.
-Hola, te estábamos esperando-
La saludé sin mayor efusividad con la palma en alto, una mueca simulando
una sonrisa salió de mi rostro, entré atrás de ella, observaba sus generosas
formas traseras mientras me hipnotizaba su bamboleo, pensé que sería un buen
acostón, después acabé imaginando lo molesto que sería que siguiera en contacto
conmigo, me aburrió ese pensamiento y preferí cortar con aquello echándome un
pedo, había comido algo ya pasado del refrigerador, no había mucho, la
situación no era la mejor, estaba desempleado desde hace ya un par de meses, mi
trabajo como velador no había sido el mejor, en fin, acabaron corriéndome.
Subí las escaleras mientras reconocía la zona, los olores me eran muy
familiares, agradables, un golpe de mi juventud adorno el momento. Un par de
personas hablaban, una alzaba la voz, otra la miraba con lágrimas en los ojos,
no entendía la escena en la que me había quedado en medio atorado, la t.v. de
fondo anunciaba la captura de un narcotraficante muy buscado, millones de
dólares de recompensa, bebí agua y comí un poco mientras seguían metidas en ese
diálogo paranoico, me rascaba, seguía el calor quemando mis intestinos y
pulmones por dentro, era como estar en un horno, tal vez como un pollo
rostizado que gira a más de 100° C una tarde de Domingo esperando a ser
comprado por una familia numerosa e inconsciente, daba igual, bebí un poco más
de agua.
Tomaron las llaves de automóvil,
armaron una especie de maleta, se tranquilizaron, me pidieron que
saliera con ellas y las acompañara, todo era mejor que seguir encerrado, había
humo de cigarro mezclado con limpiador barato en el ambiente, bajamos las
escaleras, no tenía idea de a dónde nos dirigíamos, aquello era un show bien
montado, digno de comprar un ticket, se jalonearon, reclamaron acciones
pasadas, presentes y futuras, aquello se ponía aburrido; finalmente una de
ellas arrebató las llaves y subió al auto, encendió el motor y pitó accidentalmente
haciendo eco en aquél estacionamiento solitario, la otra abrió el portón y una
tercera se incorporó y detuvo la reja del lado contrario, yo sin empacho subí
en la parte trasera, no se veía mal, una mujer cofer para complacerme.
-Llévame por esto, por aquello, para aquí, avanza, pasa por mí más
tarde, déjame en el parque-
Era un pensamiento agradable, sonreí internamente mientras ella me
miraba por el espejo retrovisor y yo asomaba la cabeza para ver que no fuera a
estrellarse, estaba nerviosa, algunas señas de rímel corrido asomaban por sus
mejillas, salió al fin en reversa de esa cueva, puso las intermitentes y las
otras dos chicas abordaron la nave, el pase no duró más de 10 min. Manejaba
rápido, las otras dos chicas seguían murmurando, hacían llamadas, ponían
música, por lo que a mí concierne, disfrutaba del viento fresco soplando mi
pelo crespo y libre como mi alma, el calor se había esfumado, nos pasamos una
luz roja, dimos vuelta a la izquierda y estacionamos, bajamos todos casi al
mismo tiempo, no aguantaba más, eché una meada, el pasto fresco me conectó con
la vida misma, una sensación deliciosa, no avanzamos ni tres pasos y una de las
chicas vomitó y regresó al auto, las otras dos me indicaron el camino, una
lloró, otra murmuró algo mientras miraba al cielo, subimos un pequeño escalón,
me abrazaron y me dejaron enfrente de un ventanal grande, limpio y
transparente, un tio salió y me echó un ojo, me obligó a entrar, volteé
tímidamente, unas letras asomaban de forma semicircular y rotulaban medio vidrio
“VETERINARIO”, sabía ahora que me habían dejado ahí, solamente para morir.
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