lunes, 24 de febrero de 2014

La Dejada

Las 6:30 pm.

Un auto color dorado de 8 cilindros abría su puerta trasera mientras me atizaban un palazo, el segundo fue fallido levantando una nube de polvo del asiento de tela color marrón al impactarlo, bájate gritaba, bájate, mientras yo desconcertado apenas podía entender lo que pasaba.

-Estoy abajo-

Alcancé a gritar.

Esperé alrededor de unos 5 min. Fuera de la puerta gris metálica, miraba a todos lados, el calor recorría mi cuerpo, el sudor brotaba del cuero cabelludo sin permiso, como un milagro en medio del desierto, un oasis propiamente dicho, una sensación rara y cosquilleante, se deslizaba suavemente entre la grasa y el cabello, mojaba y refrescaba de alguna manera aquél bochorno, aun así no era grato, respiraba agitado, estaba un poco nervioso. 

Inquieto iba de un lugar a otro; era un viejo edificio gris con fachada ya maltrecha, un anuncio de "SE VENDE" colgaba de manera graciosa de una ventana sucia. Tal vez podría mudarme ahí, hacer unas cuantas jugadas y olvidarme de la problemática que tenía con el hermano incómodo que me había borrado ya de las redes sociales y se veía atrapado por ahora en una relación con una mujer mala, de esas qué no respetan el corazón de nadie, de esas qué por haber sido maltratadas creen tener el derecho de comer hombres, dejándolos acéfalos como si fuera un deporte tal cuál Mantis Religiosa, la garganta seca no me permitía tragar saliva. Apareció de pronto un sonido lejano, se abrió y cerró una puerta, un grito que no alcancé a distinguir lo que decía, pasos apresurados y ahí estaba, una chica rubia, de complexión media, buenas medidas, casi de mi estatura, boca carnosa y ojos claros, me recordó una especie de duende, por algún motivo la rechacé de primera vista, su voz chillante rompió con el análisis que hacía de su fisonomía.

-Hola, te estábamos esperando-

La saludé sin mayor efusividad con la palma en alto, una mueca simulando una sonrisa salió de mi rostro, entré atrás de ella, observaba sus generosas formas traseras mientras me hipnotizaba su bamboleo, pensé que sería un buen acostón, después acabé imaginando lo molesto que sería que siguiera en contacto conmigo, me aburrió ese pensamiento y preferí cortar con aquello echándome un pedo, había comido algo ya pasado del refrigerador, no había mucho, la situación no era la mejor, estaba desempleado desde hace ya un par de meses, mi trabajo como velador no había sido el mejor, en fin, acabaron corriéndome.

Subí las escaleras mientras reconocía la zona, los olores me eran muy familiares, agradables, un golpe de mi juventud adorno el momento. Un par de personas hablaban, una alzaba la voz, otra la miraba con lágrimas en los ojos, no entendía la escena en la que me había quedado en medio atorado, la t.v. de fondo anunciaba la captura de un narcotraficante muy buscado, millones de dólares de recompensa, bebí agua y comí un poco mientras seguían metidas en ese diálogo paranoico, me rascaba, seguía el calor quemando mis intestinos y pulmones por dentro, era como estar en un horno, tal vez como un pollo rostizado que gira a más de 100° C una tarde de Domingo esperando a ser comprado por una familia numerosa e inconsciente, daba igual, bebí un poco más de agua.

Tomaron las llaves de automóvil,  armaron una especie de maleta, se tranquilizaron, me pidieron que saliera con ellas y las acompañara, todo era mejor que seguir encerrado, había humo de cigarro mezclado con limpiador barato en el ambiente, bajamos las escaleras, no tenía idea de a dónde nos dirigíamos, aquello era un show bien montado, digno de comprar un ticket, se jalonearon, reclamaron acciones pasadas, presentes y futuras, aquello se ponía aburrido; finalmente una de ellas arrebató las llaves y subió al auto, encendió el motor y pitó accidentalmente haciendo eco en aquél estacionamiento solitario, la otra abrió el portón y una tercera se incorporó y detuvo la reja del lado contrario, yo sin empacho subí en la parte trasera, no se veía mal, una mujer cofer para complacerme.

-Llévame por esto, por aquello, para aquí, avanza, pasa por mí más tarde, déjame en el parque-

Era un pensamiento agradable, sonreí internamente mientras ella me miraba por el espejo retrovisor y yo asomaba la cabeza para ver que no fuera a estrellarse, estaba nerviosa, algunas señas de rímel corrido asomaban por sus mejillas, salió al fin en reversa de esa cueva, puso las intermitentes y las otras dos chicas abordaron la nave, el pase no duró más de 10 min. Manejaba rápido, las otras dos chicas seguían murmurando, hacían llamadas, ponían música, por lo que a mí concierne, disfrutaba del viento fresco soplando mi pelo crespo y libre como mi alma, el calor se había esfumado, nos pasamos una luz roja, dimos vuelta a la izquierda y estacionamos, bajamos todos casi al mismo tiempo, no aguantaba más, eché una meada, el pasto fresco me conectó con la vida misma, una sensación deliciosa, no avanzamos ni tres pasos y una de las chicas vomitó y regresó al auto, las otras dos me indicaron el camino, una lloró, otra murmuró algo mientras miraba al cielo, subimos un pequeño escalón, me abrazaron y me dejaron enfrente de un ventanal grande, limpio y transparente, un tio salió y me echó un ojo, me obligó a entrar, volteé tímidamente, unas letras asomaban de forma semicircular y rotulaban medio vidrio “VETERINARIO”, sabía ahora que me habían dejado ahí, solamente para morir.